Cada vez que recordaba a su yo melancólico perdido le daba por llorar, ahora ya no era él. Ahora era otro, el que la fuerza de la supervivencia le había obligado a endurecer porque el otro, el melancólico, lo habría terminado matando, así que decidió matarlo primero. ¿ Acaso no morían así los románticos ?.
Al menos en público. A solas se dejaban coquetear de vez en cuando.
Abrió la cuenta de X para soltar la lengua y repartir crítica feroz, aquello le inflaba el ego y le daba la sensación de estar presente, de existir.
Finalmente, miró el reloj de la habitación. Había llegado la hora de matar también al yo virtual.
Edpukazn, a 22 de septiembre de 2026.
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