Por fin, agua,
tras el verano más caluroso
de nuestras vidas.
En una ciudad achicharrada
y seca,
hasta en el ánimo...
Llueve maná,
brilla el asfalto.
Edpukazn, a 28 de septiembre de 2026.
Por fin, agua,
tras el verano más caluroso
de nuestras vidas.
En una ciudad achicharrada
y seca,
hasta en el ánimo...
Llueve maná,
brilla el asfalto.
Edpukazn, a 28 de septiembre de 2026.
Cada vez que recordaba a su antiguo yo melancólico le daban ganas de llorar. Ya no era él. Era otro, uno más duro. El que la supervivencia le había obligado a fabricar. Porque el otro, el blando, lo habría acabado matando. Así que decidió matarlo primero. ¿No morían así los románticos?
Al menos en público. A solas aún se dejaban coquetear.
Abrió la cuenta de X para soltar la lengua y repartir crítica feroz. Aquello le inflaba el ego. Le daba la sensación de existir.
Miró el reloj de la habitación.
Había llegado la hora de matar también al yo virtual esa noche.
Amaneceres en Calnegre,
atardeceres por El Toyo.
Antonio me cuenta sus amores,
Franceline, sus desamores.
El primo Juan está en las últimas
y a Loli ya ni se la oye:
se le apagó la voz...
La hoja se tornó amarilla
y, finalmente, seca,
caerá al suelo...
Y yo pasaré aquí esta noche,
y mi vida entera pasará,
en otro desvelo.
Edpukazn a 14 de septiembre de 2026.
Venía del desasosiego de Madrid, de la polución, del ruido, de la prisa contagiada... A medida que se aproximaba a la costa, notó cómo le bajaban las pulsaciones. Tras tantos años de meditación en las sensaciones había desarrollado plena conciencia de ellas; podía sentirlas descender poco a poco, casi contarlas, una a una por minuto, con la exactitud de un tensiómetro.
Acabó en la playa más grande de la reserva, la conocida como Playa Larga, de arenas rojizas y finas como la seda que se le entremezclaban entre los dedos de los pies. Caminar por allí era como ir flotando y, a la vez, tocar tierra con fuerza. Una sutil dualidad entre la vigilia, la presencia y el estar dentro de un sueño en el que todo es posible.
Ese pequeño que llaman Plutón,
cercas tu cálido corazón, Tombaugh Regio, con escudo de hielo,
maestro de cambios y transformación,
simbolizas la muerte del ego y de la pasión.
Tienes cinco lunas; el guía Caronte es la mayor.
Estás entre la vida y la muerte, guía de los seres hacia el más allá,
la liberación,
gobernador de profundos secretos,
sacas luz de entre las tinieblas,
liberas los miedos, los traumas,
sueltas apegos enfermizos,
eres verdadera fuerza interior.
Transformas el sufrimiento en perfecta sabiduría.
Ante ti me postro, ¡oh, Plutón!
Edpukazn, a 21 de agosto de 2026.