lunes, 19 de agosto de 2024

El Sangre de Valdeacederas


Le llamaban el Sangre.

En su barrio natal todos lo conocían así, aunque ni su propia familia supo nunca por qué. No tenía mal carácter. Fue un trabajador no cualificado, pero cumplidor. Sin ambiciones. En la Guerra Civil tampoco destacó, ni para lo heroico ni para lo contrario. Una vez más, cumplió.

A los setenta y ocho le diagnosticaron demencia moderada. Le dio por acumular en una habitación, cajas y cajas de huevos de veinticuatro unidades. En otra, tantas revistas y periódicos que a veces la puerta no se podía ni abrir. Y sobre el televisor, un paño de fino encaje y, encima, una pastilla de jabón de manos impoluta. Dejando claro qué era lo más importante en su casa.

Sus hijas, para evitarle el ingreso psiquiátrico, le limpiaban la casa una vez por semana. Aprovechaban su ausencia para vaciar un poco aquellas habitaciones.

Aquella mañana volvió antes.

Las encontró en plena faena, sacando enseres. De repente sus ojos cambiaron. Un gesto de enajenación que nunca le habían visto. Corrió a la cocina y volvió con el cuchillo más grande y afilado que encontró.

Lo lanzó con toda su furia contra una caja de huevos. Lo clavó con tal energía que el cuchillo entero desapareció entre los huevos.

Las hermanas se miraron al unísono, descompuestas.

El Sangre había despertado.

Edpukazn, 19 de agosto de 2024.

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