Era el dueño de la atención plena, de la consciencia pura, de la percepción. Así era Javi.
Sabía lo que ocurría a su alrededor con una precisión que rozaba lo extremo. ¿Obsesión? Qué va. Era tan buena persona que no te juzgaba, no le importaba si estaba bien o mal. Era, simplemente, un superpoder inevitable. Algunos lo llaman intuición, pero en él era certeza.
Cuando asomabas, ya sabía de dónde venías y hacia dónde ibas, aunque a veces te lo preguntaba, solo por el gusto de conversar. Estar a su lado era como sentarse frente a un árbol viejo.
A su lado, las manecillas del reloj siempre aflojaban el ritmo.
Edpukazn, a 23 de marzo de 2025.

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