domingo, 12 de enero de 2025

El pozo Airón

Que Marisa rindiera culto a un dios del inframundo podía sonar demencial. Aunque, ¿acaso no lo era Osiris para los egipcios, uno de sus dioses principales? Aquella civilización la fascinaba, sobre todo su visión del mundo de los muertos. 

La Iglesia había dejado de motivarla: no le gustaba su simbología, que consideraba anticuada, ni los intereses de poder que la movían, y había acabado por sentir indiferencia. El pozo, en cambio, era un lugar que la inspiraba y que estaba a tan solo unos pocos kilómetros de casa.

Buscó respuestas en la Naturaleza y allí encontró a Airón, oculto bajo las aguas, dispuesto a escuchar sus problemas sin necesidad de que los contara. Daba tres vueltas a su alrededor, en el sentido de las agujas del reloj, y se sentaba en paz sobre un banco, mirando ensimismada las oscuras aguas, como intentando desentrañar sus misterios, con la extraña esperanza de que algún día emergiera en forma de serpiente, tal y como contaban los poemas medievales.

 


 Edpukazn, a 12 de enero de 2025

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