viernes, 10 de abril de 2026

Ádyton

El sueño fue así, me vi en la entrada del templo de Apolo en Delfos maniatado a una cabra temblorosa. Un sacerdote se me acercó, la desató con suma delicadeza y se la llevó al lado izquierdo de la entrada. Junto a una pira la sacrificaron. El corazón se me encogió al ver las columnas y el ambiente sacro que allí se respiraba. Al dirigirme al interior vi tres inscripciones en los dinteles según iba cruzando, aunque estaban en griego las entendí sin dificultad: Conócete a tí Mismo, Todo con Mesura y finalmente la E de épsilon, que simboliza el Ser en unión, lo que entendí como una liberación del yo. En ese momento perdí la consciencia de mi cuerpo.


Con lágrimas en los ojos, llegué al fondo que llaman ádyton, donde estaba la pitia sobre un trípode con una rama de laurel en su mano izquierda, bajo sus pies la fuente casótide emanaba los efluvios que la hacían entrar en trance. Me parecía increíble estar alli, sentí pánico de no encontrarme y me intenté pellizcar la pierna derecha pero aquello no me hizo despertar, al revés, me hizo estar más presente. No me atreví a mirarla a los ojos. El sacerdote me hizo un ademán con la mano para que hablara.

- ¡Alabado sea Apolo!, señora Pitia, por favor, por su gran bondad, quiero saber, ¿Cuándo moriré?,  ¿Cómo está mi alma de sucia?, ¿A dónde iré?

La Pitia verbalizó unas palabras ininteligibles y miré al sacerdote para que me tradujera.

- Tienes un gran cúmulo de malas acciones del pasado, las purificarás entregándote al amor. No ha querido desvelar más allá. Dice que debe ser así. 

Edpukazn, a 10 de abril de 2026.

domingo, 5 de abril de 2026

Besos de fresa

Se llamaba Ana y daba besos de fresa.

Llevaba una carpeta forrada con fotos de la banda Lemonheads. Los adoraba. Creo que sentía amor platónico por el cantante, y yo le cogí gusto al grupo por ella.

Nos conocimos en un pub de rock alternativo y el primer día ya nos besamos, sin hablar demasiado. Grabó nuestras iniciales en una madera del local y yo las envolví con un corazón.

Volvía los viernes. Allí seguíamos con nuestros besos de adolescente. Aún me saben. Esos besos de fresa, los eternos. Luego me iba de allí porque a mis amigos no les gustaba esa música. Y yo me moría por dentro.

Mataron a Richard y cerraron el local. En aquella época no había móviles y perdí su fijo. Hice lo imposible por encontrarla, rastreando pubs del mismo ambiente por toda la zona sur.

Pasaron tres años. El destino quiso que nos reencontráramos en un concierto. Estaba igual de guapa, aunque ahora llevaba el pelo corto. Nos alegramos mucho de vernos, pero enseguida le noté lamento en la mirada...

Le pedí un cigarro y se lo pasó el chico que estaba un poco más allá. Era su pareja.




Edpukazn, a 5 de abril de 2026.