Nadie servía los cafés como el moro.
El golpe a la máquina, la hipnótica espuma de color cobrizo... se podían contar las centenas de burbujas metálicas sobre fondo negro. Vertía un hilo de leche perfecto y continuo hasta que le decías basta con la mano, y cortaba con un suave movimiento hacia atrás, como toque de gracia. Entonces eran ya millones las pompas en una increíble paleta de tonos tostados.
Qué dolor desbaratar la obra con la cucharilla. Era como vandalizar un Monet.
— ¿Qué tal anoche el partido de Marruecos?
— Nada, muy mal, jugaron muy mal...
— Ah, no lo vi, solo el resultado.
— Mejor. Jugaron fatal y, bueno, la política ya sabes, ¡es Francia! — sentenció, encogiéndose de hombros.
Edpukazn, 14 de julio de 2026.



