jueves, 26 de septiembre de 2024

Cicatriz

Se acercó por detrás y me dijo que no lo hiciera, que era un ser vivo como yo y que pensara en cómo me sentiría si me hicieran lo mismo a mí.

Solté la rama como si me quemara.

Yo simplemente limaba con ella el tronco de un árbol y me divertía viendo cómo asomaba el interior de la corteza, de un color verde muy intenso, casi luminoso. En el fondo se escondía un gusto demoníaco que, a mis ocho años, no podía contener ni entender.

Al llegar a casa, le pregunté a mi madre si los árboles sentían. Dudó y me dijo que creía que no, pero que no estaba bien rasparlos, que aunque cicatrizaban, lo ideal era verlos en su estado natural.

¿Cicatrizar? La duda no se aclaró al hojear el libro de Ciencias Naturales de mi hermano Fonso y con ella viví hasta llegar al Instituto. Finalmente se esclareció y pude descansar: los árboles no sentían, aunque lo sentíamos, y mucho, cuando no estaban entre nosotros.


Edpukzn, 26 septiembre 2024

sábado, 21 de septiembre de 2024

Tresmil

Echó la vista atrás y sintió el abismo de piedra y hielo bajo sus pies, somatizado en unos segundos de inquietantes temblores. Una caída o un traspiés suponía acabar no sabía dónde, pero casi con seguridad envuelto en una caja de pino a los dos o tres días. En unos instantes que se le hicieron muy largos, tuvo que decidir si continuar, si merecía la pena arriesgar en lo que podría acabar en tragedia.

Decidió que sí. A ojos de la mayoría, por supuesto que no, pero Salva no era como la mayoría. Era un valiente bombero de Elche y para él asumir esos riesgos significaba estar vivo. Ansiaba su primer tresmil del Pirineo y, sin mirar atrás, puso todo el coraje en esa parte tan complicada en la que se sucedían las caídas de trozos de hielo y piedras a consecuencia del deshielo. Una de ellas pudo haber acabado con él si le hubiera dado, pero acabó rozándole y logró completar el tramo para ponerse a salvo, con el sentimiento de haber salvado la vida como por un milagro.

Los últimos cien metros eran de una pendiente algo más suave y le llevaban a la cima, al logro, a la satisfacción... a la felicidad. ¿No era esa la meta de todo ser humano?

—Cada uno a su manera —llegó a verbalizar ante ese embrollo mental que le ocupaba en la soledad de los últimos metros.

Ya en la cima encontró a tres escaladores veteranos que, hechos a estar a esas alturas, charlaban con el gozo de haber conseguido la cumbre. Salva ni celebró ni estuvo cómodo en ningún momento, pues eran unas vistas nuevas tan sobrecogedoras que no lograba serenarse, a lo que se añadía la incertidumbre de bajar esa parte que ahora veía casi imposible. Comió un par de barritas energéticas y bebió unos buenos tragos del CamelBak, notando el lento descenso del líquido por la espalda y, a la par, el sudor frío que se apoderaba del torso. Decidió bajar para no sumar los temblores del frío a los del pánico.

Cuando se acercaba decidido hacia esa zona tan expuesta, sintió un potente silbido desde atrás:

—¿Dónde vas por ahí? —exclamó uno de aquellos montañeros que le sucedían.

—¡¿Eh?! ¡Por ahí he venido! —gritó con incredulidad.

—¡Esa ruta es invernal y hay que llevar piolets! ¡Ni se te ocurra bajar por ahí sin piolets!

Salva lo entendió todo. Había grabado la ruta invernal del GPS sin darse cuenta, de ahí las zonas tan complicadas por las que había pasado, que requerían casco y piolets.

—¡Joder! ¡Por ahí he subido! ¡Vuelvo y voy con vosotros!

Rápido, Ginés —que así se llamaba el montañero aragonés— notó la inexperiencia de Salva y se sintió molesto por la situación que podía haber generado para todos:

—¡Claro! ¿Cómo se te ocurre ir por ahí?... ¡Y solo!

Cuando se les unió, pudo ver el rostro agrietado y la nariz aguileña, afilada por la astucia, de quien le había alertado de su confusión al bajar.

—¿Me avisaste tú, verdad? —Un silencio se hizo entre los cuatro.

—Pues me has salvado la vida.

—¡Quizás sí! —le espetó, atravesándole con la mirada fija en sus ojos.


Edpukazn, 20 septiembre 2024.

martes, 17 de septiembre de 2024

Hawen

Adoraba el estado en el que lo dejaban los chupitos de licor de hierbas y raro era no verlo en la puerta del Juli los domingos a media mañana, llamando la atención desde la distancia por su conducta volatinera. Vestía camisetas de equipos de fútbol tan alejados y dispares como el Málaga, el Valencia o la Real Sociedad, que, junto a su cabeza rapada y esos giros de torso tan bruscos, le daban el aspecto de un temible skinhead. Algunos desconocidos se cambiaban de acera al verlo. A sus amigos más cercanos les daba cabezazos suaves con la frente como símbolo de amistad que, a veces, no controlaba y chillaban de dolor:

—¡Vete a la mierda, Hawen!

Yo era nuevo en este barrio de Usera y, por el motivo que fuera, le caí en gracia y, cuando me veía, rápido se acercaba o me llamaba y me ofrecía generosamente una consumición a cambio de una pequeña charla. Entregado en cada frase, en cada argumento, se llevaba el puño al pecho en señal de lealtad y levantaba un brazo señalando al cielo para indicar hasta qué punto me tenía afecto, lo que, sinceramente, me abrumaba y hasta me espeluznaba. Al momento, fruncía el ceño y me recordaba que estaban hablando mal de él y que quizás tendría que ajustar algunas cuentas por el barrio.

Un personaje realmente ambivalente: en lo que tardaba en caer la colilla que arrojaba, alternaba de un odio sin mucha consistencia a sentimientos de franca calidez, pureza y pasión. Con los años se fue aclarando su verdadera identidad. Hawen era así: daría la vida por cualquiera de sus amigos y jamás oí que formara parte de ningún episodio violento.


Edpukazn,  17 septiembre 2024

 

jueves, 12 de septiembre de 2024

Can Escandell

Chuso no sabía lo que era el amor de pareja, ni nada que no fuera algo de una noche y dos o tres citas desaliñadas más. A sus veintiséis se embarcó a Ibiza para estar un año desprendido de su entorno y vivir nuevas experiencias. Dejó su humilde barrio de San Nicasio, en Leganés, por una habitación en el de Can Escandell, también conocido como Casas Baratas. Como se dice, el mismo perro con distinto collar. Pero estaba en una isla y eso te cambia.

Hasta que se asentó laboralmente como aparcacoches de Pacha, dedicó las primeras semanas a la vida nocturna, a veces día y noche. Parecía que la isla le llamaba solo para eso y acabó asustándose. Conoció a napolitanos traficantes de éxtasis, reconoció a un buen número de personajes famosos y trató con gente variopinta y extravagante de todas las procedencias, ávida de diversión y drogas, algunos con los bolsillos llenos y otros llenos de angustia, sudor y polvo. Dos caras de Ibiza que le sorprendieron ásperamente.

Aquella noche de miércoles recaló en un pequeño y misterioso pub a espaldas del mar donde se congregaban aquellos a los que les cuesta volver a casa. Allí conoció a Giselle, una chica de Barcelona de ascendencia teutona, con un cuerpo escultural formado en el deporte y un pelo fino y dorado que tanto atraía a Chuso. Sintieron una atracción muy especial, hablaron como si se conocieran de vidas pasadas, un encuentro en el que todo era sí, sí y sí.

Desde aquella noche no apareció por Casas Baratas si no era para coger ropa y ordenar la casa. Se vio abocado al abismo del amor sin poder remediarlo. Calas recónditas viendo atardeceres, pubs con un jazz exquisito frente a las texturas del Mediterráneo, días de ensueño en Formentera volviendo en el apacible silencio mental del anochecer en el barco y un largo etcétera de nuevas experiencias junto al amor de su vida.

Pobre e incauto de él, se lo creyó y pensaba que el sueño iba a ser para siempre. Al acabar la temporada llegaron algunos desencuentros y a finales de octubre tuvo que volver a Madrid para intentar recuperar su empleo de soldador en la fábrica de Koolair S.L. Giselle anhelaba experiencias, es cierto que fue mutuo, pero era bastante más joven que él y sus planes poco tenían que ver con los suyos. Ni siquiera le ofreció quedarse en la isla al terminar la temporada. Pasado el luto, encontró su nuevo objetivo, un barman italiano llamado Andrea, del pub de moda en Figueretas.

Y Chuso... pasó de chaval a hombre.


 Edpukazn, a 12 de septiembre 2024

domingo, 8 de septiembre de 2024

Reina entre damas

Gredos en otoño es fascinante. Para Vanesa, la mejor época para asomarse a ese reducto natural sin la mano machacona del hombre encima.

Llegó con la furgo al camping de siempre. El recepcionista la reconoció tras el cristal, le levantó la barrera y le hizo un gesto con la mano: acomódate y luego pasas.

— ¿Dónde vas hoy, Vanesa?

— Al Puerto del Peón, si todo va bien.

— Buena elección. Pero vas a estar sola ahí arriba.

— Da igual. La llevo grabada.

Aparcó en el inicio de la ruta junto a un plástico negro, grande y holgado. Tapaba el cadáver de una vaca en plena descomposición. Torció el gesto, aceptó la bienvenida y tiró hacia arriba sin demora.

Apretó a buen ritmo los primeros kilómetros. El sol relumbraba con fuerza. En la primera poza no lo dudó: se quedó semidesnuda y se metió. Sabía que iba a ser un baño único.

Al salir, lo vio. Un nubarrón enorme cabalgando desde el norte. A galope. En minutos oscureció el cielo. Con el frío de la altura, fue como pasar del verano al invierno en menos de dos horas. Desde la ladera, un zorro joven la observaba ponerse el cortavientos.

Ya en lo alto, se quedó absorta.

Piedras ciclópeas, puestas de forma caótica, azarosa. Con el azote del viento, parecían las piezas de un tablero de ajedrez desperdigadas de un manotazo. Una seguía en pie, erguida. El peón que daba nombre a la cima. Otra, plana y casi perfectamente circular, parecía colocada a propósito, a resguardo del viento en la vertiente sur. La eligió. Era el sitio perfecto para descansar y meditar.

Las vistas de la vertiente sur eran increíblemente hermosas. Vanesa se llenó de gozo.

Cerró los ojos. Entró en samadhi. Profundo. Se soltó del espacio y del tiempo. Se sintió etérea, en bienaventuranza, con poderes. Liberada por completo del mundo material.

Y entonces lo decidió. Volvería sobrevolando. Las vistas desde arriba serían el remate perfecto a un día maravilloso.

Planeó de vuelta sobre Gredos, buscó una zona boscosa junto al Tormes para descender e hizo los últimos metros a pie hasta el camping.

Joaquín la esperaba en recepción.

— ¡Qué rápido, Vanesa! Le has dado mucha caña.

— Estaba oxidada — contestó ella, rebosante de alegría —. Necesitaba mover el esqueleto.


Edpukazn, a 8 de septiembre de 2024

martes, 3 de septiembre de 2024

Algo que decir...

 


El día fue largo desde la amanecida. Vio caras de sufrimiento casi en cada ser con el que se cruzó. En la calle, el andén, en el bar... Nada que ver con lo que en los móviles se publicaba a través de reels, reels y más reels... Scrolling reels ad nauseam. Una insípida mentira que les hacía la vida más soportable. 

Edpukazn, 3 septiembre 2024.

domingo, 1 de septiembre de 2024

Equilibri




 A un lado, el gato no paraba de maullar.
Al otro, Sofía atendía encantadora sus ventas online,
y en medio... Allí estaba yo,
entre la desdicha y el gozo...
Un precario equilibrio del diclofenaco y la cafeína...

Edpukazn, 1 septiembre, 2024