miércoles, 5 de marzo de 2025

La Consulta

—Buenas tardes, siéntese, por favor. ¿Qué le ocurre?


—Pues verá, doctora. Hace diez días tuve picor y sequedad en los ojos. Ya se me ha pasado, pero me gustaría, si es posible, que me dejara algo recetado. Para la próxima vez. Así no tengo que esperar a la cita ni ir a urgencias solo para aliviarme.


La doctora no me miró. No tenía ninguna gana de hablar y menos aún de dar explicaciones.


Fijó la vista en la pantalla y se puso a teclear. Tecleó mucho. Al menos el triple de lo que yo había dicho. Supongo que escribía el motivo de la consulta.


Cuando por fin terminó, me soltó sin apartar la vista del ordenador:


—No puede administrarse usted mismo las gotas ni las cremas. Tiene que venir para que averigüemos la causa. Y de todas formas, las que le recetaron la otra vez ya están caducadas. A ver... aquí pone julio de 2024.


—Ya. ¿Y entonces qué hago, doctora?


Por fin me miró. Sonrió un segundo.


—Llore. Le calmará.

 


Edpukazn, a 5 de marzo de 2025.

2 comentarios:

  1. Suena a que es una anécdota verídica.
    Llorar está bien para el ojo seco, pero no hay lloro que calme la rabia. Eso todo el mundo lo sabe

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  2. Gracias Ana, habrá que intentar echar mano de la comprensión para que no nos domine la rabia.

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