Por el transistor, lejano y entrecortado, sonaba Pepe Pinto: "Toíto te lo consiento, menos faltarle a mi mare..."
En la salita, la abuela Chelo dirigía con apuro a su hija. Sobre la mesa, la vieja Singer familiar de los años cuarenta, en plena faena con una blusa. Hacía un calor sofocante. Y con la Primera Comunión del sobrino a la vuelta de la esquina, había que terminarla como fuera. Era el verano del 86.
— Cooorta más abajo, niña, que te vas a quedar sin teela... Cooorta... ¡yaa, ya!
— ¡Pero cómo voy a cortar más abajo! — saltó Marga, ya crispada —. ¡Si hemos medido aquí! A mí no me gustan tan largas, y menos con este calor. ¡No podemos estar corta que te corta toda la mañana! ¡Parece mentira! ¡De verdad que no sé cómo no lo ves!
Silencio de costura. Un segundo.
— Mira que es buena máquina la Singer, ¿eh? Nos salió buenísima — sentenció Chelo, dando por zanjada la discusión.
En el balcón, como si quisiera poner paz, el canario arrancó a cantar. Alegre, frenético, a todo volumen.
Y desde el sofá, el nieto, Joselu, no miraba la blusa. Miraba a su abuela. Absorto en sus gestos, en su mirada limpia, sin rastro de ira ni de resentimiento. Con esa sabiduría tranquila y ese regocijo de quien sabe que está viviendo sus últimos años con los suyos, y los está saboreando.
Edpukazn, a 17 de agosto de 2024.
Una pequeña joya
ResponderEliminarDesde luego y desahogando la economía familiar...
EliminarSí, claro, pero me refería al texto
EliminarAaaah Gracias, gracias... ❤️
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